Cuando imaginé el programa de LITA antes de ir, nunca pensé que tendría la oportunidad de hacer una excursión de astronomía durante mi verano español. En realidad, fue uno de mis momentos favoritos de todo mi viaje, y algo que nunca voy a olvidar. Era domingo, y los otros chicos de LITA y yo habíamos llegado a nuestra comunidad de acogida hace casi una semana. Mi familia española me había dado una bienvenida muy amable, pero todavía estaba acostumbrándome a la rutina y al español. Después de una semana llena de actividades, mi padre de acogida sugirió ir al campo con un telescopio para mirar la luna y las estrellas tranquilamente. Me pareció una idea fantástica, y estaba muy emocionada porque la astronomía siempre me ha interesado.
Para evitar la luz del pueblo, fuimos en coche a la casa de los padres de mi madre de acogida, con el telescopio enorme debajo de los pies de mi hermana de acogida y yo. Nos acompañaba una amiga mía de LITA y su familia también, para pasar la tarde con nosotros. La casa estaba entre toda la belleza del campo, rodeado de colinas pequeñas y un cielo que parecía extenderse eternamente sobre la tierra roja. Llegamos cuando el sol ya estaba bajo en el cielo, y cuando las temperaturas brutales de una ola de calor ya habían bajado un poquito. El cielo se pintaba de colores naranjas y rosados mientras comíamos y hablábamos sobre el fin de semana y todo lo que había pasado.
Después de la cena y unos helados, por fin había oscurecido. Mi padre de acogida colocó el telescopio y lo apuntó a la luna, para que todos pudiéramos mirarla. Era la noche perfecta para verla porque estaba casi llena, la fase ideal para ver los detalles sin hacer daño a los ojos. Después de que todos miramos con asombro los mares y las tierras altas de la luna de cerca, él dirigió nuestra atención a otras cosas del cielo. Nos enseñó a encontrar Polaris (la estrella norte) en el cielo, cómo distinguir planetas y estrellas por su titilar, como ver la historia del universo en las estrellas a miles de años luz de distancia, y muchísimo más. Escucharlo hablar con tanto conocimiento y pasión me hizo ver que aunque no teníamos las mismas palabras para las cosas del cielo, compartimos la misma curiosidad sobre nuestro lugar en el universo.
Aprendí mucho sobre el espacio, pero lo que más me impactó no fue lo que vi en el cielo, sino lo que sentí en la tierra, pasando la noche con mi familia de acogida. Los miembros de mi familia de acogida y yo tenemos diferentes vidas y diferentes idiomas, pero teníamos la misma apreciación por la extrañeza de nuestro universo. Esa noche, no me sentí solo como una estudiante aprendiendo un idioma, sino como parte de un grupo con conexiones reales. En ese momento y después, no me enfoqué en las dificultades del español, porque estaba tan concentrada en la gente y el mundo que me rodeaba.
La experiencia LITA me dio mucho más que una oportunidad para mejorar mi español (aunque sí lo hice). Más que todo, me dio unas personas fantásticas con quienes podía conectar fuera del idioma. Echo de menos a todas las personas que conocí en España, pero sé que nunca voy a perder las memorias que hicimos juntos, como nuestra noche de astronomía. Cada vez que mire las estrellas en el futuro, recordaré no solo la belleza del universo, sino también la magia de haber encontrado un hogar, una familia, y una comunidad en España durante LITA.
Camille, North Three Week 2025